Estamos
dispuestos a abordar una problemática muy en específico de un fenómeno el cual
conocemos bien desde la práctica clínica. La naturaleza del deseo de los padres
en función de la elección vocacional. En la practica que estamos dispuestos a
compartir en la presente exposición, hemos estado expuestos ante las demandas
de orientación solicitadas en su mayoría por adolescentes, o como aparece
también en el fenómeno, su otro formato, los padres.
Guiados
por la técnica y teoría del manejo de adolescentes en la clínica, nos situamos
en un borde de la práctica la cual se mimetiza con el fenómeno que esta siendo abordado:
el adolescente. El adolescente como tal, trae consigo, entre otras cosas
también, la incertidumbre de los territorios simbólico-imaginarios por los
cuales habita. No siendo un adulto, tampoco un niño; deambulando entre el amor
y el odio; perdido por la independencia absolutista y la dependencia abnegada;
así mismo el adolescente, en su fenómeno de la clínica, borra los bordes de la
técnica en sí misma.
¿Quién
es el paciente y quién es al que le debemos nuestra confidencialidad cuando el
padre demanda saber sobre el tratamiento del hijo? Es de las primeras preguntas
que el clínico tiene que resolver cuando comienza a trabajar con adolescentes.
En
los casos de orientación vocacional que llevamos algún tiempo trabajando, estos
bordes se transitan muy comúnmente.
Les comento rápido
que el abordaje empleado en la orientación vocacional trae consigo un fin
clínico, no solo instrumental: no solo de aplicación de pruebas y devolución de
resultados. El orientador, el psicólogo clínico, debe escuchar, hipotetizar e
intervenir en los casos de tal forma que vaya integrando los diferentes elementos
que el orientado trae, vaciando en el instrumento de la entrevista psicológica
una serie de temas que el encuadre mismo ofrece. Uno de ellos, el deseo de los
padres.
A pesar de no
ser el elemento primordial en un todo general de los casos que hemos trabajado en
orientación vocacional, sí es un elemento que está en la periferia, y nos llama
la atención en particular. Comenzar a trabajarlo teóricamente traerá
complicaciones que se multiplicaran mientras avanzamos. Intentaremos
mantenernos centrados en un eje.
El problema
aparece como tal. ¿Qué implica la elección vocacional en función del deseo de
los padres del orientado? ¿Acaso no se tiene la madurez cognitiva para poder
decidir por uno mismo en la adolescencia? El apropiado apoyo de los padres,
incluso siendo aversivo, cognitivamente podríamos decir, que el chico tiene la capacidad
de abstracción como para encontrar soluciones alternas. ¿Por qué no encontramos
eso en el fenómeno de la elección vocacional? ¿Por qué encontramos chicos
perdidos en las opciones de carrera? Después de todo solo tienes que elegir una
carrera, un que-hacer que hagas medianamente bien y te deje retribución
económica para sobrevivir en el mundo neoliberal de nuestros días. ¿Qué de
complicado tiene eso?
Cuando eliges
una carrera, no eliges un que-hacer cualquiera, eliges un prefijo a tu personalidad.
El licenciado José González, la Doctora Bertha Manriquez, El arquitecto Jesus
Espinoza. Por mencionar ejemplos, son prefijos que se pegan a lo que “ERES”.
Son prefijos que se instauran en tu personalidad, en tu máscara, en tu carácter
frente a los demás.
Por lo tanto
si hablamos de personalidad, de carácter y de máscaras, considero que estamos
deambulando advertidamente por las aguas de lo que conocemos en el
psicoanálisis como Estructura. Para poder definir lo que es Estructura en
psicoanálisis debemos pasar por el desarrollo psicosexual para desembarcar en
la tercera etapa con su tercer acto, la conclusión final de la trilogía: El
Edipo. A partir de la vivencia y las experiencias edípicas, el sujeto se
estructurará en función de lo que la experiencia de la clínica nos ha provisto:
una estructura neurótica, psicótica o perversa. Y habrá dos funciones que
tomarán un papel primordial para tal estructuración: la función materna y la
función paterna. Así que podríamos señalar que el deseo de los padres está atravesando
la estructuración de la personalidad del sujeto, de una manera u otra y la
problemática y el abanico de posibilidades es muy amplio.
Entonces,
¿somos libres, podemos hacer lo que deseamos? La respuesta del psicoanálisis,
palabras más o palabras menos, es negativa. No solo estamos sujetados,
amarrados y atados, al lenguaje, sino que nuestro deseo es el deseo del otro.
Nos han enseñado a desear, queramos o no. No hay escapatoria absoluta.
El deseo de
los padres dentro de la constitución del sujeto es etimológicamente violento.
Ya que violenta, se introduce y arremete contra el sujeto sin previo aviso. Lo
trastoca, y si han podido atender un poco los fenómenos de violencia, darán
cuenta de esa característica que sostiene, la característica de cosificar la
experiencia humana, y el deseo mismo de uno, que otra vez no es otra cosa que
algo prestado del otro. Si tienen duda de esta característica de violencia,
pregúntenle a Remy, personaje principal de la película de animación, Rattatouille,
ya que la única forma que encontró para defenderse de la cosificación de su
experiencia de rata es por medio de la alucinación del fantasma de un chef
obeso llamado Gustof.
Entonces no
somos libres, y pero aun, vivimos a merced del deseo de otro. En cierto sentido
los adolescente enseñan muchas más cosas al psicoanálisis, si dibujamos
apropiadamente la ruta por la cual expresan su rebelión.
Los
adolescentes, estando sujetados del
deseo del otro en el camino que traen trazado por su Edipo, enuncian su
revolución de personalidad buscando la cristalización de su carácter. Se enfrenta, a una crisis y etimológicamente la
palabra crisis, en una de sus acepciones, refiere al momento contingente de una
resolución. ¿Ante qué crisis o resolución se encuentra el adolescente?
David Flores
en su articulo “Voy a andar de pelo suelto: sobre el adolescente en su búsqueda
de advenir yo”, habla del fantasma del
padre, que arremete violentamente, ya sea desde la realidad compartida o la
fantasía, contra la voluntad del adolescente en este periodo de crisis o
resolución. Plantea tres opciones de resolución que a última instancia son dos
ya que las dos primeras, estructuralmente están posicionadas en el mismo lugar.
La primera es
darle vasto a la demanda del padre, haciendo y diciendo todo lo que este desea.
Convirtiéndose en aquel que el padre busca, por temor a perder su amor. El
adolescente encuentra en esta resolución una forma de existencia debajo de la
sombra parental.
La segunda es
contradecir la demanda del padre, haciendo y diciendo todo lo contrario que
este desea. Convirtiéndose en la contraparte, el negativo de lo que el padre
busca, con tal de poder sostener un lugar autónomo, con las comillas que le
pertenecen a la palabra autónomo, ya que en realidad encontramos a un
adolescente incapaz de vivir en una paz, debido a la angustia de disolución que
siente si pierde este lugar de replica eterna. Podemos incluir en esta
clasificación a los “Rebeldes sin causa aparente”.
Las dos
anteriores van en función del deseo del padre.
La tercera,
remite a la posibilidad de un acto, no un “yo quiero hacer”, sino un “hacer”.
Ante esta posibilidad el adolescente se implica no en un acto en “nombre del
padre”, sino en un acto en “nombre de sí mismo”, un acto que conlleva riesgos y
angustia para poder jugárselas más allá de lo que diría el otro.
Les traigo
unos ejemplos que deambulan dentro de nuestra cabeza como fantasmas:
¡¿Qué vas a
estudiar, psicología?! ¡Ni que estuvieras loco!” “Estudia de Doctor, porque mi
padre fue doctor y yo soy doctor y como somos una estirpe tocados por el dedo
de dios para ser médicos, ¡tú también debes de ser medico!” “Estudia Ingeniero
químico que tu tío fulanito puede meterte en Pemex, y ya pues tienes la vida
resuelta”.
Estos son
algunos ejemplos llevados al límite que podemos testimoniar del deseo de los
padres a partir del discurso de los orientados.
A
continuación, relataré superficialmente dos casos de Orientación vocacional,
esperando dar luz sobre esto que hemos estado trabajando, para posteriormente
terminar con nuestras conclusiones.
El primer caso
es el de una chica de 16 años, estudiante de una preparatoria de la Uni, vive
regularmente en la casa de sus abuelos debido que se encuentra cerca de las
instalaciones del recinto educativo. Se muestra y se refiere a sí misma, como
una chica vivaz, de mucha comunicación con sus compañeros, despierta y
dispuesta a trabajar todas las inquietudes que una elección vocacional demanda.
Entre las
opciones que le despierta su elección, menciona comunicóloga, educadora,
apareciendo otras carreras tales como veterinaria y psicología a lo largo del
trabajo de las entrevistas.
Dentro de las
observaciones clínicas que podríamos hacer, existe este elemento que nos llama
la atención: contrastando su personalidad vivaz, decidida y despierta con la
inhibición provocada por la angustia generada por la dificultad de elección en
su carrera.
Explorando en
las entrevistas sus vínculos, nos encontramos con esta diferenciación que ella
misma muestra con sus palabras y su actitud, una diferenciación en cuanto a la
identificación que tiene con sus padres. Se siente muy distinta a ellos, muy
diferente, separación que el hecho de vivir con sus abuelos la ha acrecentado,
al término de señalar que no se siente nada cómoda el estar viviendo en su
propia casa los fines de semana. Al explorar la opinión de los papás sobre la
elección vocacional menciona que es nula, ellos simplemente la apoyarán en la
carrera que escoja.
Al finalizar,
y después de un trabajo de acompañamiento en la elección final, la orientada
escogió la carrera de educadora, misma carrera que sus papás profesan, para
posteriormente hacer una corrección a psicología.
En otro caso
de orientación vocacional una chica de igual de 16 años de edad, estudia en una
prepa del conalep. Al cuestionarle sobre cuales podrían ser sus opciones, no
menciona nada concreto en función de qué es lo que le gusta hacer o qué se
podría imaginar trabajando. Entre las opciones que menciona solo aparece como
cantante la única a la cual le llamaría la atención, siendo en la prueba de
interés vocacional, Kuder, la escala musical la única alta en función de las
demás. Al cuestionarle si ha estudiado sobre música o el canto, así como sus
influencias y los principales expositores de los estilos musicales que escucha,
explica que el único lugar en el cual canta es en la regadera.
Explorando
sobre sus vínculos y su familia, menciona ser la mayor de tres hermanas, siendo
la segunda apenas un año de diferencia y la tercera diez años menor. La hermana
menor padece de una discapacidad que no supo precisar, siendo una silla de
ruedas necesaria todo el tiempo para su transportación. En cuanto a el animo de
la familia en función de este tema, ella menciona que es ciertamente bajo,
donde, sin poder precisar otra vez, el distanciamiento de sus papás es
sensible. Para la tercera entrevista, cuestionándole sobre cómo ella se
relaciona con su papá, con lágrimas en los ojos y una inhibición en su habla, confiesa
que su padre es violento con ellas, explicando que algunas veces puede estar de
mal humor o hablarles fuerte. Precisando que no la golpea, pero sí ha llegado a
zaranderla del brazo cuando ha hecho algo mal.
Al finalizar,
igualmente después de un trabajo de acompañamiento, la chica decidió por una
carrera de turismo, siendo esta introducida y elaborada a partir de las
entrevistas, sin un desenvolvimiento que nos haya dado la sensación de una
decisión concreta y final. Al terminar el trabajo con ella se le dejó abierta
la posibilidad de regresar con nosotros si considera necesario o si le aparecen
otra vez las inquietudes.
Lo que me
gustaría subrayar de estos dos ejemplos de casos, es el deseo parental. Los
dos, a pesar de tener diferencias observables, comparten elementos en sus discursos
que nos servirán para las conclusiones que queremos compartir.
Mientras que
en el primer caso los padres no ejercían mucha violencia sobre la elección
vocacional, la orientada demostraba en su personalidad un desenvolvimiento muy
distinto al de sus papás: era vivaz, decidida y sociable. Esto, sin embargo, no
evitó el haber sentido una angustia profunda en cuanto a la elección vocacional
se refiere. Pareciera que es un lugar
común de nuestros días, de nuestros papás modernos, permisivos, y preocupados
por enaltecer el autoestima de sus hijos, permitiendo que él o ella misma haga
la decisión, siendo ellos totalmente comprensivos, dando el apoyo que se
necesita. Lo que aparentemente los padres no alcanzan a ver en esta táctica de
educación, es que los adolescentes no saben lo que desean, porque como
decíamos, están en una crisis.
En el segundo
caso, el deseo de los padres estaba muy presente, lo que observábamos en la
orientada era una discapacidad de elegir completamente sobre, no solo a qué
dedicarse, sino quién era o qué le
gustaba. Evidentemente el contexto familiar era complejo, la chica carecía de
herramientas y elementos yoicos, así como apoyo por parte de su familia para
sobrepasar la crisis de adolescencia y su respectivo síntoma, la elección
vocacional.
¿Qué es lo que
conecta a los dos casos? Desde nuestras conclusiones pensamos que es la
posición del sujeto en base del deseo parental. En el primer caso un deseo
permisivo e invisible, y en el segundo uno visible, violento y agresivo en
función de la palabra del sujeto y las posibilidades de su personalidad para resolver
tales conflictos.
A la luz de
estos dos casos y ante los otros casos que hemos podido supervisar, consideramos
que este elemento del deseo de los padres en la elección vocacional se
desenvuelve a partir de tres constelaciones, que el orientado vivirá y expondrá
ante su propia experiencia.
La primera
constelación, los padres seductores y persuasivos que le dan al chico las
promesas de oportunidad y plenitud absoluta al estudiar una carrera porque
tiene más campo de trabajo o cualquier otra razón.
La segunda
constelación, los padres que abandonan, con la finalidad de darle espacio al
adolescente, bajo una ideología de consumismo neoliberal, esa ideología que
dice “entre más opciones tengas, y más espacio de libertad, más feliz eres
capaz de ser”, cosa que en la práctica se vuelve ineficaz, el adolescente (y
cabe decir que el adulto también) siente angustia por la falta de referencia.
Una decisión tan importante trae consigo el fantasma de no poder dar vuelta
atrás.
La tercera
constelación, los padres opresores, dispuestos a violentar al adolescente por
su propio bien, pues vaya, “él no sabe qué es lo que quiere, no sabe de la
vida, yo sí sé de la vida, yo le diré qué hacer”, las consecuencias de esta
táctica es que cosifica al sujeto, lo vuelve un objeto y no hay nada peor que
sentirse a merced del deseo del otro, pregúntenle a cualquier psicótico.
Toda esta
experiencia que hemos desenrollado, como lo hemos estado diciendo desde el
principio, va en función del discurso del orientado. El deseo de los padres en
la elección vocacional es en sí mismo un fantasma que puede perseguir, puede
ahogar, seducir, o aprisionar por su ausencia. Es parte de nuestro trabajo
clínico escuchar este apartado de la experiencia humana para intervenir en los
casos y darle un acompañamiento a la elección vocacional.