viernes, 3 de enero de 2014

La violencia del deseo de los padres en la elección vocacional: entre la seducción, la opresión y el abandonamiento.

Estamos dispuestos a abordar una problemática muy en específico de un fenómeno el cual conocemos bien desde la práctica clínica. La naturaleza del deseo de los padres en función de la elección vocacional. En la practica que estamos dispuestos a compartir en la presente exposición, hemos estado expuestos ante las demandas de orientación solicitadas en su mayoría por adolescentes, o como aparece también en el fenómeno, su otro formato, los padres.
                Guiados por la técnica y teoría del manejo de adolescentes en la clínica, nos situamos en un borde de la práctica la cual se mimetiza con el fenómeno que esta siendo abordado: el adolescente. El adolescente como tal, trae consigo, entre otras cosas también, la incertidumbre de los territorios simbólico-imaginarios por los cuales habita. No siendo un adulto, tampoco un niño; deambulando entre el amor y el odio; perdido por la independencia absolutista y la dependencia abnegada; así mismo el adolescente, en su fenómeno de la clínica, borra los bordes de la técnica en sí misma.
                ¿Quién es el paciente y quién es al que le debemos nuestra confidencialidad cuando el padre demanda saber sobre el tratamiento del hijo? Es de las primeras preguntas que el clínico tiene que resolver cuando comienza a trabajar con adolescentes.
                En los casos de orientación vocacional que llevamos algún tiempo trabajando, estos bordes se transitan muy comúnmente.
Les comento rápido que el abordaje empleado en la orientación vocacional trae consigo un fin clínico, no solo instrumental: no solo de aplicación de pruebas y devolución de resultados. El orientador, el psicólogo clínico, debe escuchar, hipotetizar e intervenir en los casos de tal forma que vaya integrando los diferentes elementos que el orientado trae, vaciando en el instrumento de la entrevista psicológica una serie de temas que el encuadre mismo ofrece. Uno de ellos, el deseo de los padres.
A pesar de no ser el elemento primordial en un todo general de los casos que hemos trabajado en orientación vocacional, sí es un elemento que está en la periferia, y nos llama la atención en particular. Comenzar a trabajarlo teóricamente traerá complicaciones que se multiplicaran mientras avanzamos. Intentaremos mantenernos centrados en un eje.
El problema aparece como tal. ¿Qué implica la elección vocacional en función del deseo de los padres del orientado? ¿Acaso no se tiene la madurez cognitiva para poder decidir por uno mismo en la adolescencia? El apropiado apoyo de los padres, incluso siendo aversivo, cognitivamente podríamos decir, que el chico tiene la capacidad de abstracción como para encontrar soluciones alternas. ¿Por qué no encontramos eso en el fenómeno de la elección vocacional? ¿Por qué encontramos chicos perdidos en las opciones de carrera? Después de todo solo tienes que elegir una carrera, un que-hacer que hagas medianamente bien y te deje retribución económica para sobrevivir en el mundo neoliberal de nuestros días. ¿Qué de complicado tiene eso?
Cuando eliges una carrera, no eliges un que-hacer cualquiera, eliges un prefijo a tu personalidad. El licenciado José González, la Doctora Bertha Manriquez, El arquitecto Jesus Espinoza. Por mencionar ejemplos, son prefijos que se pegan a lo que “ERES”. Son prefijos que se instauran en tu personalidad, en tu máscara, en tu carácter frente a los demás.
Por lo tanto si hablamos de personalidad, de carácter y de máscaras, considero que estamos deambulando advertidamente por las aguas de lo que conocemos en el psicoanálisis como Estructura. Para poder definir lo que es Estructura en psicoanálisis debemos pasar por el desarrollo psicosexual para desembarcar en la tercera etapa con su tercer acto, la conclusión final de la trilogía: El Edipo. A partir de la vivencia y las experiencias edípicas, el sujeto se estructurará en función de lo que la experiencia de la clínica nos ha provisto: una estructura neurótica, psicótica o perversa. Y habrá dos funciones que tomarán un papel primordial para tal estructuración: la función materna y la función paterna. Así que podríamos señalar que el deseo de los padres está atravesando la estructuración de la personalidad del sujeto, de una manera u otra y la problemática y el abanico de posibilidades es muy amplio.
Entonces, ¿somos libres, podemos hacer lo que deseamos? La respuesta del psicoanálisis, palabras más o palabras menos, es negativa. No solo estamos sujetados, amarrados y atados, al lenguaje, sino que nuestro deseo es el deseo del otro. Nos han enseñado a desear, queramos o no. No hay escapatoria absoluta.
El deseo de los padres dentro de la constitución del sujeto es etimológicamente violento. Ya que violenta, se introduce y arremete contra el sujeto sin previo aviso. Lo trastoca, y si han podido atender un poco los fenómenos de violencia, darán cuenta de esa característica que sostiene, la característica de cosificar la experiencia humana, y el deseo mismo de uno, que otra vez no es otra cosa que algo prestado del otro. Si tienen duda de esta característica de violencia, pregúntenle a Remy, personaje principal de la película de animación, Rattatouille, ya que la única forma que encontró para defenderse de la cosificación de su experiencia de rata es por medio de la alucinación del fantasma de un chef obeso llamado Gustof.
Entonces no somos libres, y pero aun, vivimos a merced del deseo de otro. En cierto sentido los adolescente enseñan muchas más cosas al psicoanálisis, si dibujamos apropiadamente la ruta por la cual expresan su rebelión.
Los adolescentes,  estando sujetados del deseo del otro en el camino que traen trazado por su Edipo, enuncian su revolución de personalidad buscando la cristalización de su carácter. Se  enfrenta, a una crisis y etimológicamente la palabra crisis, en una de sus acepciones, refiere al momento contingente de una resolución. ¿Ante qué crisis o resolución se encuentra el adolescente?
David Flores en su articulo “Voy a andar de pelo suelto: sobre el adolescente en su búsqueda de advenir yo”,  habla del fantasma del padre, que arremete violentamente, ya sea desde la realidad compartida o la fantasía, contra la voluntad del adolescente en este periodo de crisis o resolución. Plantea tres opciones de resolución que a última instancia son dos ya que las dos primeras, estructuralmente están posicionadas en el mismo lugar.
La primera es darle vasto a la demanda del padre, haciendo y diciendo todo lo que este desea. Convirtiéndose en aquel que el padre busca, por temor a perder su amor. El adolescente encuentra en esta resolución una forma de existencia debajo de la sombra parental.
La segunda es contradecir la demanda del padre, haciendo y diciendo todo lo contrario que este desea. Convirtiéndose en la contraparte, el negativo de lo que el padre busca, con tal de poder sostener un lugar autónomo, con las comillas que le pertenecen a la palabra autónomo, ya que en realidad encontramos a un adolescente incapaz de vivir en una paz, debido a la angustia de disolución que siente si pierde este lugar de replica eterna. Podemos incluir en esta clasificación a los “Rebeldes sin causa aparente”.
Las dos anteriores van en función del deseo del padre.
La tercera, remite a la posibilidad de un acto, no un “yo quiero hacer”, sino un “hacer”. Ante esta posibilidad el adolescente se implica no en un acto en “nombre del padre”, sino en un acto en “nombre de sí mismo”, un acto que conlleva riesgos y angustia para poder jugárselas más allá de lo que diría el otro.
Les traigo unos ejemplos que deambulan dentro de nuestra cabeza como fantasmas:
¡¿Qué vas a estudiar, psicología?! ¡Ni que estuvieras loco!” “Estudia de Doctor, porque mi padre fue doctor y yo soy doctor y como somos una estirpe tocados por el dedo de dios para ser médicos, ¡tú también debes de ser medico!” “Estudia Ingeniero químico que tu tío fulanito puede meterte en Pemex, y ya pues tienes la vida resuelta”.
Estos son algunos ejemplos llevados al límite que podemos testimoniar del deseo de los padres a partir del discurso de los orientados.
A continuación, relataré superficialmente dos casos de Orientación vocacional, esperando dar luz sobre esto que hemos estado trabajando, para posteriormente terminar con nuestras conclusiones.
El primer caso es el de una chica de 16 años, estudiante de una preparatoria de la Uni, vive regularmente en la casa de sus abuelos debido que se encuentra cerca de las instalaciones del recinto educativo. Se muestra y se refiere a sí misma, como una chica vivaz, de mucha comunicación con sus compañeros, despierta y dispuesta a trabajar todas las inquietudes que una elección vocacional demanda.
Entre las opciones que le despierta su elección, menciona comunicóloga, educadora, apareciendo otras carreras tales como veterinaria y psicología a lo largo del trabajo de las entrevistas.
Dentro de las observaciones clínicas que podríamos hacer, existe este elemento que nos llama la atención: contrastando su personalidad vivaz, decidida y despierta con la inhibición provocada por la angustia generada por la dificultad de elección en su carrera.
Explorando en las entrevistas sus vínculos, nos encontramos con esta diferenciación que ella misma muestra con sus palabras y su actitud, una diferenciación en cuanto a la identificación que tiene con sus padres. Se siente muy distinta a ellos, muy diferente, separación que el hecho de vivir con sus abuelos la ha acrecentado, al término de señalar que no se siente nada cómoda el estar viviendo en su propia casa los fines de semana. Al explorar la opinión de los papás sobre la elección vocacional menciona que es nula, ellos simplemente la apoyarán en la carrera que escoja.
Al finalizar, y después de un trabajo de acompañamiento en la elección final, la orientada escogió la carrera de educadora, misma carrera que sus papás profesan, para posteriormente hacer una corrección a psicología.
En otro caso de orientación vocacional una chica de igual de 16 años de edad, estudia en una prepa del conalep. Al cuestionarle sobre cuales podrían ser sus opciones, no menciona nada concreto en función de qué es lo que le gusta hacer o qué se podría imaginar trabajando. Entre las opciones que menciona solo aparece como cantante la única a la cual le llamaría la atención, siendo en la prueba de interés vocacional, Kuder, la escala musical la única alta en función de las demás. Al cuestionarle si ha estudiado sobre música o el canto, así como sus influencias y los principales expositores de los estilos musicales que escucha, explica que el único lugar en el cual canta es en la regadera.
Explorando sobre sus vínculos y su familia, menciona ser la mayor de tres hermanas, siendo la segunda apenas un año de diferencia y la tercera diez años menor. La hermana menor padece de una discapacidad que no supo precisar, siendo una silla de ruedas necesaria todo el tiempo para su transportación. En cuanto a el animo de la familia en función de este tema, ella menciona que es ciertamente bajo, donde, sin poder precisar otra vez, el distanciamiento de sus papás es sensible. Para la tercera entrevista, cuestionándole sobre cómo ella se relaciona con su papá, con lágrimas en los ojos y una inhibición en su habla, confiesa que su padre es violento con ellas, explicando que algunas veces puede estar de mal humor o hablarles fuerte. Precisando que no la golpea, pero sí ha llegado a zaranderla del brazo cuando ha hecho algo mal.
Al finalizar, igualmente después de un trabajo de acompañamiento, la chica decidió por una carrera de turismo, siendo esta introducida y elaborada a partir de las entrevistas, sin un desenvolvimiento que nos haya dado la sensación de una decisión concreta y final. Al terminar el trabajo con ella se le dejó abierta la posibilidad de regresar con nosotros si considera necesario o si le aparecen otra vez las inquietudes.

Lo que me gustaría subrayar de estos dos ejemplos de casos, es el deseo parental. Los dos, a pesar de tener diferencias observables, comparten elementos en sus discursos que nos servirán para las conclusiones que queremos compartir.
Mientras que en el primer caso los padres no ejercían mucha violencia sobre la elección vocacional, la orientada demostraba en su personalidad un desenvolvimiento muy distinto al de sus papás: era vivaz, decidida y sociable. Esto, sin embargo, no evitó el haber sentido una angustia profunda en cuanto a la elección vocacional se refiere.  Pareciera que es un lugar común de nuestros días, de nuestros papás modernos, permisivos, y preocupados por enaltecer el autoestima de sus hijos, permitiendo que él o ella misma haga la decisión, siendo ellos totalmente comprensivos, dando el apoyo que se necesita. Lo que aparentemente los padres no alcanzan a ver en esta táctica de educación, es que los adolescentes no saben lo que desean, porque como decíamos, están en una crisis.
En el segundo caso, el deseo de los padres estaba muy presente, lo que observábamos en la orientada era una discapacidad de elegir completamente sobre, no solo a qué dedicarse, sino  quién era o qué le gustaba. Evidentemente el contexto familiar era complejo, la chica carecía de herramientas y elementos yoicos, así como apoyo por parte de su familia para sobrepasar la crisis de adolescencia y su respectivo síntoma, la elección vocacional.
¿Qué es lo que conecta a los dos casos? Desde nuestras conclusiones pensamos que es la posición del sujeto en base del deseo parental. En el primer caso un deseo permisivo e invisible, y en el segundo uno visible, violento y agresivo en función de la palabra del sujeto y las posibilidades de su personalidad para resolver tales conflictos.
A la luz de estos dos casos y ante los otros casos que hemos podido supervisar, consideramos que este elemento del deseo de los padres en la elección vocacional se desenvuelve a partir de tres constelaciones, que el orientado vivirá y expondrá ante su propia experiencia.
La primera constelación, los padres seductores y persuasivos que le dan al chico las promesas de oportunidad y plenitud absoluta al estudiar una carrera porque tiene más campo de trabajo o cualquier otra razón.
La segunda constelación, los padres que abandonan, con la finalidad de darle espacio al adolescente, bajo una ideología de consumismo neoliberal, esa ideología que dice “entre más opciones tengas, y más espacio de libertad, más feliz eres capaz de ser”, cosa que en la práctica se vuelve ineficaz, el adolescente (y cabe decir que el adulto también) siente angustia por la falta de referencia. Una decisión tan importante trae consigo el fantasma de no poder dar vuelta atrás.
La tercera constelación, los padres opresores, dispuestos a violentar al adolescente por su propio bien, pues vaya, “él no sabe qué es lo que quiere, no sabe de la vida, yo sí sé de la vida, yo le diré qué hacer”, las consecuencias de esta táctica es que cosifica al sujeto, lo vuelve un objeto y no hay nada peor que sentirse a merced del deseo del otro, pregúntenle a cualquier psicótico.
Toda esta experiencia que hemos desenrollado, como lo hemos estado diciendo desde el principio, va en función del discurso del orientado. El deseo de los padres en la elección vocacional es en sí mismo un fantasma que puede perseguir, puede ahogar, seducir, o aprisionar por su ausencia. Es parte de nuestro trabajo clínico escuchar este apartado de la experiencia humana para intervenir en los casos y darle un acompañamiento a la elección vocacional.


  

No hay comentarios:

Publicar un comentario