Edgar Vázquez.
La mitología y
el psicoanálisis se encargan de la misma naturaleza: la humana. La primera, cual
mural, desglosa los contenidos inconscientes de la cultura conformada por el
humano: parricidio, incesto, angustia, envidia, dolor, tragedia, son parte de
sus caminos más concurridos. La segunda, escucha el discurso del sujeto
escindido descifrando el saber que no se sabe que se sabe. Como menciona Sels(1),
ambas trabajan con lo irracional, ambas trabajan con historias, con discursos y
en ambas la metáfora es primordial.
El estudio de
los mitos como un semblante previo a la ciencia (mito vs logos) es
prácticamente la posición de nuestros tiempos conforme a la naturaleza de la
narración mitológica. Un conocimiento que se presenta a través del hueco
conformado de la palabra con la cual se cuenta la historia, el mito, la novela
o la narración. ¿Es esta la razón por la cual los mitos se repiten? Pareciera
que algo dentro de su estructura narrativa y naturaleza hueca permite una
reformación, reconstrucción y reinterpretación de la historia en sí misma. Cada
boca le da un nuevo significado, cada escritor restablece una nueva estructura
y cada artista posibilita un nuevo brochazo, siempre, bajo elementos
discerniblemente repetibles.
El presente armado tiene como fin dar pie a la articulación de tres historias que tienen una misma naturaleza mitológica: Sherlock Holmes, escrito por Sir Artur Conan Doyle, House M.D., creado por David Shore, y Batman, creado por Bob Kane, tomando primordialmente la última interpretación del personaje en el celuloide, Batman The Dark Knight Rises, dirigida por Christopher Nolan, así como la novela gráfica de Frank Miller, Batman: Año Uno.
Los últimos
dos, House y Wayne, son reinterpretaciones del primero, uno más que el otro,
podríamos agregar. Un mito que se vuelve a contar a sí mismo. Incluso incluiríamos
en la descripción el éxito obtenido por la serie Sherlock, de la BBC, una
reinterpretación moderna del investigador ingles, donde novedosamente utiliza
un Smartphone para resolver sus casos.
Lo interesante
que nos gustaría obturar de esta ali(e)neación narrativa es la naturaleza del
héroe, en los tres casos: un hombre de internalizaciones profundas,
investigador que deduce los detalles más obvios que otros erraron en omitir. De
mente resaltante, su cualidad de inteligencia asombra a los cercanos. De
naturaleza trágica, su esencia provoca una proyección excéntrica hacia los
demás, cercanos y lejanos. No importando que estén dentro de la misma realidad
simbólica azarosa y negligente, sus cercanos no están de acuerdo con sus
métodos. Cuentan con acompañantes que sirven a la historia para ayudar a
digerir la intensidad excéntrica del personaje central, son los ojos de los
lectores, espectadores o televidentes, dependiendo el caso.
Mientras que
Sherlock cuenta con Watson, Gregory cuenta con Wilson y Batman cuenta con
Robin. Watson es el narrador mismo de la mayoría de las historias de Sherlock
escritas por Sir Artur Conan Doyle, provocando un instrumento literario de
valioso calibre al momento de situarnos junto con Watson ante las excentricidades
del personaje principal donde los vicios y trasgresiones podrían volverse inescrutables.
De la misma manera, nos ayuda a elogiarlo, depositarlo como héroe. Watson es la
única persona en algún momento que lo admira, ya que la policía británica solamente
lo ubica como pretensioso, presumido y “freak”, detalle el cual no es muy
errado.
La
problemática principal de House M. D. es, de una manera tangente, la de la
moral y la ética, ubicando al personaje de Wilson como el compás moral de la
serie, enfrentando y confrontando a la ética negligente de House ante el juicio
del televidente. De una u otra manera los señalamientos de Wilson ayudan al
personaje principal a tener una claridad de acción, haciendo a último momento
lo que considera que deba hacerse, a pesar de no ser lo correcto, he ahí el
goce del televidente mismo: ver a House trasgredir, algo que el neurótico común
no se permite.
Recordemos
entonces la naturaleza de la creación del personaje de Robin en la edición de
abril de 1940 de los comics dibujados y escritos en su mayoría por Bob Kane. La
creación de Robin fue dificultosa, el editor no estaba tan seguro de que un
niño debiera luchar contra el crimen. Las ventas se duplicaron, los lectores
dieron su veredicto: “queremos a un niño que nos ayude a entender las acciones
de este mayor, y nos podamos relacionar de una manera más fácil ante la
historia, utilizando a este personaje como proyección”. Posteriores escritores
reinterpretarían al personaje de Robin como ese personaje que ayuda a Batman a
tener un poco de humor y sensibilidad ante la realidad sanguinaria de Gótica, además
que a partir de eso, se puede desenvolver una faceta interesante de él, la
paterna.
La
excentricidad de los personajes principales de este armado es fundamental
también para la historia que cuentan. Adictos y de resoluciones fuera de lo
común, por no decir, inmorales, provocan en el lector, espectador o televidente
la sensación profunda de una posibilidad de acción distinta ante las esferas de
poder. La realidad en la que viven, la ley simbólica, o la vida misma en sí,
falla ante la mirada del ciudadano cualquiera. La única posibilidad de acción
es el raciocinio y la resolución del misterio que se muestra indescifrable, no
antes de desplegar, al final de cada historia, la lógica detrás que nuestro
héroe logra desnudar.
Siempre y en cada historia de Holmes, la ley falla. El incompetente Inspector Lestrade necesita ansiosamente de las habilidades de observación del detective asesor. Ante la funesta e insoportable ineptitud judicial de la Scotland Yard, nuestro detective surge detrás de su pipa, para, con su mirada penetrante, hacer el trabajo correcto que el humano cualquiera fracasa en completar. Así mismo Gótica, y su sistema judicial corrompido y corrupto no logra darle una certeza de existencia al pequeño Wayne tras la muerte de sus padres. La existencia de Batman, tal y como la describe Frank Miller en Batman: Año uno, existe justa y exclusivamente por la enorme grieta del sistema en la cual opera el murciélago. Por último en las ocho temporadas de House M.D., este lucha incansablemente ante la ilógica necesidad de creencia y adoración a una deidad. La existencia conceptual de un dios, para House, se vuelve una insoportable concepción, y agrego pobre, burda e ilógica, de lo que significa apegarse ante creencias infundadas. El observar el azar con la cual la vida termina por la posibilidad de mirada de su profesión, hace que tome la lógica como la única forma de controlar el caos del universo en perpetuo movimiento.
Estamos, por
lo tanto ante un mito que se repite a sí mismo. ¿Falta de creatividad? No podríamos
explicar las ganancias e intereses mayoritarios ante el éxito de estas
expresiones en el público general. Estamos ante la mitología del héroe
moderno-postmoderno. Un hombre de posibilidades sobrehumanas, abstraído al
raciocinio y con un compas ético injertado en su propia acción, no la de los
demás. Un héroe que lucha contra sus propios demonios, contra sus adicciones y
su pulsión de muerte empujándolo cada vez más al exilio. Un narcisismo enorme
que le provoca infligir conflicto a las esferas de poder. Como decía una amiga
cuando yo y otro compañero hablábamos de House, “estos histéricos fanáticos del
otro histérico que solo le rehúye a la castración”. Estamos ante un mito donde
el héroe en su camino encuentra antítesis que le posibilitan su existencia
subjetiva, ya sea el Joker, ya sea Moriarty, el no estar solo en este mundo, no
ser el único loco por ahí, le da un goce, un empuje y nos ayuda a entender más
al protagonista en su lucha constante interna.
La prueba
final para este mito es primordial y se repite. Los tres fingen su muerte ante
los demás, con el fin, propio y exclusivo, de salvaguardar a sus cercanos. Con
el fin de evitar que Moriarty ponga sus manos sobre Watson o la Sra. Hudson, o
pasar los últimos ocho meses que le quedan de vida a su mejor amigo, o salvar
Gótica de un holocausto nuclear. La prueba final para nuestro mito siempre es escoger
el bien fraternal del propio, y mostrar, justificar, explicar con sus acciones
que su ideología, a pesar del narcisismo, vicios y egolatría, siempre fue para
los demás. Nuestro héroe se sacrifica por el amor, por amor a los que quiere.
Los tres mitos
muestran aciertos y discursos que los diferencian uno del otro, pero comparten
estructura. No es un asunto de copia, o falta de creatividad, es más bien, y es
nuestra propuesta, la necesidad de contar la misma historia que necesitamos oír
a cada generación por separado. Y si así fuera, si fuera un asunto de copia o
falta de creatividad, Sir Artur Conan Doyle estaría bajo la misma lupa, ya que
es sabido que su Sherlock Holmes es una reinvención, calca o inspiración, como
le quieran llamar, del personaje escrito por el célebre Edgar Allan Poe,
Auguste Dupin.
Referencias:
Sels, N.(Abril
2010). Myth, Mind and Metaphor. On the Relation of Mitology and
Psycoanalisis.
Recuperado el 7 de Agosto del 2012.
Relatos de Sherlock
Holmes.
Escritos Sir Artur Conan Doyle
Sherlock.
Desarrollada para televisión por Steven Moffat y Mark
Gatiss.
House M. D.
Creado
por David Shore.
Batman.
Creado por Bob Kane.
The Dark Knight
Rises.
Dirigida por Christopher Nolan.
Batman: Year One.
Escrita por Frank Miller. Ilustrada por David
Mazzucchelli. Coloreada por Richmond Lewis.
Relatos de Auguste
Dupin.
Escritos por Edgar Allan Poe.
IMAGEN 1
IMAGEN 2
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